Martes (2º día). 
El día amaneció despejado. Magnífico. Nos fuimos a desayunar cerca del hostel y después compramos en el Lidl que había a unos pasos, unos sanwichs y ensaladas pues teníamos planeado ir a ver los palacios en Postdam y sabíamos que el recinto no había restaurantes. Compramos en el metro un billete válido para el día completo que nos costó 6,50 €. En Alexanderplatz cogimos el S1, si mal no recuerdo, y cuando llegamos a la estación tomamos un autobús que llevaba al parque Sanssouci, que constituía un enorme parque de 287 hectáreas y que era el palacio de verano de
Federico el Grande. La entrada a los jardines era gratuita, pero en la puerta podías colaborar con dos € para el mantenimiento del lugar y te daban un mapita con recorridos y dando información en tu idioma sobre los lugares de interés. Cuando entramos nos maravilló la belleza del lugar. Con constantes exclamaciones de las cuatro (ooooohhhh!!) cada vez que veíamos un gran palacio o una fuente preciosa.
Nos sentamos a comer las “viandas” que habíamos comprado sentadas en la hierba. Nuestra querida amiga Lidia no paraba de
decir “nos van a llamar la atención, nos van a llamar la atención” pero Inma decía que no, que allí seguro que podíamos estar, como en el césped en Berlín o en Londres. Nos hicimos fotos allí tan tranquilas recostadas, y de repente se nos acercó un señor, imaginamos que encargado en los jardines, y nos dijo “No green”, y las cuatro a la vez “¿Noooo?, haciéndonos un poco las suecas. Menos mal que ya habíamos comindo. Continuamos visitando los jardines haciendo el recorrido que nos habian fijado. Vimos la Casa de té china, los baños romanos, el palacio Charlottenhof, todo precioso. Algunos edificios estaban siendo restaurados. Aun así alguna de nosotras solicitó un palacito de V.P.O. para sí misma. No entramos en ninguno de los palacios, ya que nos habían comentado que su interior tampoco merecía la pena comparado con otros
palacios de Europa, y aún así, nos dieron las seis de la tarde. Volvimos a Berlín hacia el barrio judío. Justo al lado de la salida del metro, nos tomamos unas cervecitas en un bar que tenía unas mesas con columpios en el exterior, y allí estuvimos un rato recargando pilas y filosofando, intentando arreglar el mundo. Después nos acercamos a Tacheles, el famoso centro artístico de cultura alternativa, que nos decepcionó un poco. En la misma calle había muchos restaurantes de comida Thai o india, y resultó una calle muy animada. Pasamos por la puerta de la Sinagoga nueva,
y al final de la calle nos dirigimos hacia los patios judíos. Se trata de una serie de patios comunicados entre sí y en uno de ellos se encontraba la tienda oficial de ampelmann. Entramos y compramos allí algunos recuerdos, incluso eran más económicos que en otras tiendas de souvenirs, porque recuerdos de ampelmann hay por todas partes y puedes encontrar de todo (mecheros, bolígrafos, camisetas, muñecos, bolsos…). Ya era tarde, y al salir de los patios nos encontrábamos en la plaza Hackescher Market que estaba muy animada, había
actuaciones y muchos restaurantes. Nos sentamos en uno de ellos, y pedimos platos típicos alemanes. Alguno estaba bastante bueno. Yo no tuve tanta suerte. Pedí una especie de rollito de col rellena de carne. No es que estuviera malo, pero tampoco era un manjar de dioses. De todas formas, por lo menos se puede decir que también saboreamos la gastronomía del lugar, algo que me gusta hacer en todos los sitios que visito.
Después de la cena, que nos costó unos 15€ por barba con cafelito incluido, nos fuimos hacia la zona del hostel y paramos en un pub a
tomar unas cervecitas. El pub proyectaba en una de sus paredes la película “Ciudadano Kane” y la música estaba bien. Mis amigas descubrieron además en el baño del pub varias fotos pegadas en la puerta del aseo, y entre ellas ¡sorpresa! La foto de la Duquesa de Alba! Con lo cual tuvimos risas para rato. Y así culminamos la jornada.

El día amaneció despejado. Magnífico. Nos fuimos a desayunar cerca del hostel y después compramos en el Lidl que había a unos pasos, unos sanwichs y ensaladas pues teníamos planeado ir a ver los palacios en Postdam y sabíamos que el recinto no había restaurantes. Compramos en el metro un billete válido para el día completo que nos costó 6,50 €. En Alexanderplatz cogimos el S1, si mal no recuerdo, y cuando llegamos a la estación tomamos un autobús que llevaba al parque Sanssouci, que constituía un enorme parque de 287 hectáreas y que era el palacio de verano de
Federico el Grande. La entrada a los jardines era gratuita, pero en la puerta podías colaborar con dos € para el mantenimiento del lugar y te daban un mapita con recorridos y dando información en tu idioma sobre los lugares de interés. Cuando entramos nos maravilló la belleza del lugar. Con constantes exclamaciones de las cuatro (ooooohhhh!!) cada vez que veíamos un gran palacio o una fuente preciosa. Nos sentamos a comer las “viandas” que habíamos comprado sentadas en la hierba. Nuestra querida amiga Lidia no paraba de
decir “nos van a llamar la atención, nos van a llamar la atención” pero Inma decía que no, que allí seguro que podíamos estar, como en el césped en Berlín o en Londres. Nos hicimos fotos allí tan tranquilas recostadas, y de repente se nos acercó un señor, imaginamos que encargado en los jardines, y nos dijo “No green”, y las cuatro a la vez “¿Noooo?, haciéndonos un poco las suecas. Menos mal que ya habíamos comindo. Continuamos visitando los jardines haciendo el recorrido que nos habian fijado. Vimos la Casa de té china, los baños romanos, el palacio Charlottenhof, todo precioso. Algunos edificios estaban siendo restaurados. Aun así alguna de nosotras solicitó un palacito de V.P.O. para sí misma. No entramos en ninguno de los palacios, ya que nos habían comentado que su interior tampoco merecía la pena comparado con otros
palacios de Europa, y aún así, nos dieron las seis de la tarde. Volvimos a Berlín hacia el barrio judío. Justo al lado de la salida del metro, nos tomamos unas cervecitas en un bar que tenía unas mesas con columpios en el exterior, y allí estuvimos un rato recargando pilas y filosofando, intentando arreglar el mundo. Después nos acercamos a Tacheles, el famoso centro artístico de cultura alternativa, que nos decepcionó un poco. En la misma calle había muchos restaurantes de comida Thai o india, y resultó una calle muy animada. Pasamos por la puerta de la Sinagoga nueva,
y al final de la calle nos dirigimos hacia los patios judíos. Se trata de una serie de patios comunicados entre sí y en uno de ellos se encontraba la tienda oficial de ampelmann. Entramos y compramos allí algunos recuerdos, incluso eran más económicos que en otras tiendas de souvenirs, porque recuerdos de ampelmann hay por todas partes y puedes encontrar de todo (mecheros, bolígrafos, camisetas, muñecos, bolsos…). Ya era tarde, y al salir de los patios nos encontrábamos en la plaza Hackescher Market que estaba muy animada, había
actuaciones y muchos restaurantes. Nos sentamos en uno de ellos, y pedimos platos típicos alemanes. Alguno estaba bastante bueno. Yo no tuve tanta suerte. Pedí una especie de rollito de col rellena de carne. No es que estuviera malo, pero tampoco era un manjar de dioses. De todas formas, por lo menos se puede decir que también saboreamos la gastronomía del lugar, algo que me gusta hacer en todos los sitios que visito.Después de la cena, que nos costó unos 15€ por barba con cafelito incluido, nos fuimos hacia la zona del hostel y paramos en un pub a
tomar unas cervecitas. El pub proyectaba en una de sus paredes la película “Ciudadano Kane” y la música estaba bien. Mis amigas descubrieron además en el baño del pub varias fotos pegadas en la puerta del aseo, y entre ellas ¡sorpresa! La foto de la Duquesa de Alba! Con lo cual tuvimos risas para rato. Y así culminamos la jornada.Miércoles (3º día).
Sólo podíamos aprovechar hasta las 12.30 horas de la mañana porque nuestro avión salía a las 14.30 y no queríamos llegar con el tiempo justo. Así que después de desayunar cerca del hostel nos dirigimos hacia la iglesia conmemorativa del Káiser Guillermo, d
e la cual sólo se conserva la torre frontal y cuyo tejado en ruinas se ha convertido en uno de los símbolos más conocidos de Berlín. Aun lado de la torre construyeron una iglesia nueva octogonal en 1961, con un diseño muy moderno y al otro lado de la torre construyeron un campanario independiente con el mismo material que la iglesia nueva. Los berlineses, por su forma los llaman “el pintalabios y la polvera”. Muy cerca se encuentra el Hard Rock Café que fuimos a ver porque también es una de nuestras costumbres visitar los de las ciudades a las que vamos y comprar una camiseta allí, aunque en realidad fue un encargo de nuestro querido socio July Fogss. Después nos dirigimos a una tienda de ropa al peso, pues teníamos mucha curiosidad por ver una. La que vimos, que se llama “Garage”, a mí personalmente me decepcionó porque aunque esperaba ropa de segunda mano, esta no tenía por qué ser antigua, ¿no? Pues allí lo era. Bueno podías encontrar de todo, pero tenías que rebuscar mucho, y adem
ás había truco: al peso sólo te vendían la ropa que no estaba etiquetada y casi todo estaba etiquetado, así que no valía la pena comprar mucho allí. Volvimos a toda prisa al hostel a recoger las maletas, y después hacia el aeropuerto. Almorzamos en un puesto de las famosas salchichas que hay en la puerta del aeropuerto. La tendera era una verdadera antipática, al contrario que los berlineses que nos hemos encontrado por allí, incluso algunos sabían hablar español y nos ayudaron mucho. Siempre nos quedará un grato recuerdo de esta escapadilla, en la cual lo mejor no fueron las cosa que vimos, sino las acompañantes de viaje.Próxima parada: ROMA.











