Llegada en la madrugada del domingo al lunes, sobre las 00:35 horas (con 20 minutos de retraso). El vuelo duró unas 3 horas desde Málaga. Como no nos apetecía complicarnos mucho con el tema del transporte hasta el hostel, preguntamos a un taxista al salir del aeropuerto, que nos indicó que nos cobraría unos 34-35 €. Nuestra amiga Inma, que nos esperaba en el hostel, había hecho el trayecto por la tarde y ella tomó el tren S9 hasta

Alexanderplatz (2’80 €, para cubrir las zonas ABC) y desde allí tomó el metro, 2 paradas hasta Senefelderplatz (1’30 €, billete sencillo). Una vez en el hostel nos encontramos con Inma, emocionadas, aunque algo cansadas, por la tensión del vuelo, y eso. El hostel East Seven era tipo albergue de unas 4 plantas con baños compartidos, muy limpio, y decorado con muebles de Ikea o del estilo. Nos salió por 20 € la noche y por persona. La habitación la ocupamos las 4 y era muy amplia.
Después de desayunar, bajamos y vimos en la misma plaza la
Fuente de Neptuno (fotos), la
Plaza Marx-Engels (más fotos) y los alrededores (la
Iglesia Marienkirche y el
Rotes Rathaus o Ayuntamiento Rojo) por fuera. Nos dirigimos a la izquierda de la Plaza Marx-Engels a
Nikolaiviertel que es un barrio que reproducía las casas medievales de la zona (de nuevo, más fotos).

Después volvimos a cruzar la plaza Marx-Engels y fuimos a
Museumsinsel (la Isla de los museos). Pasamos por la
Catedral en la que pretendíamos entrar (5 €) pero se celebraba misa y teníamos que esperar, así que en frente en un gran césped nos revoleamos mientras pensábamos qué hacer. Decidimos entrar en el
Pergamonmuseum y dejar la catedral para más tarde aunque al final no volvimos por falta de tiempo. El Pergamonmuseum me pareció interesante pero muy caro (12 € con audioguía, eso sí, y mapita) y hacía muchísima calor dentro. El
Altar de Pérgamo 
que da nombre al museo, es impresionante, y se pueden hacer fotos sin flash en esta parte del museo. La visita también incluía la sección de Babilonia. Impresiona la
Puerta de Ishtar. La
Puerta del Mercado de Mileto no la pudimos ver porque estaba siendo restaurada. Al salir del museo, hartas de audioguía y muertas de calor, nos tomamos una cervecita (unos 3 €) en la misma plaza del museo. Pero ya eran las 14:30 h. y se nos echaba el tiempo encima, así que hicimos acopio de fuerzas y a patear de nuevo dirección
Unter den Linden, que es una avenida muy ancha y famosa y

que fue la calle principal de la ciudad en el siglo XVIII. Cuenta con numerosos edificios de prestigio, y así pasamos por la Universidad
Hmbolt, por la
Biblioteca Nacional que tiene un patio hiedra precioso, en frente
Bebelplatz, que es la plaza donde se produjo la famosa quema de libros por los nazis en 1933. A mitad de la calle, en la mediana que la separa, hay varios puestos de las famosas salchichas especiadas o currywurst, embadurnadas en Ketchup. Nos sentamos en uno de estos puestos y acompañando estas salchichas con patatas fritas y pan nos salió el almuerzo por 4

euritos de nada, la mar de económico. Continuamos por Unter den Linden y por fin llegamos a la famosa
Puerta de Brandeburgo, no sin antes parar en alguna que otra tienda de souvenirs. Fotos de rigor, y continuamos hacia el
Memorial del Holocausto. Se trata de una gran explanada ondulante cubierta de monolitos (creo que unos 2.130) de cemento de un color gris oscuro. Es un lugar muy impactante. Continuamos andando hacia
Postdamerplatz, y ya los pies se resentían. Por el camino llama mucho la atención las líneas en el suelo que marcan por dónde pasaba el muro, y los

semáforos con el dibujo del
Ampelmann que no están en el lado ocupado por EEUU-Francia-Inglaterra. Llegamos a Postdamerplatz, allí sobrevive un trozo de muro (de nuevo , fotos), y entramos en el
Sony Center y nos tomamos un cafelito (2 €) porque ya no podíamos más. Recargamos algo las baterías y seguimos hacia el
Checkpoint Charlie, punto fronterizo entre los sectores estadounidense y ruso. Hay unos paneles que cuentan la historia de la división de Berlín, y también historias sobrecogedoras de personas que murieron intentando pasar la

frontera. Continuamos camino de vuelta de nuevo hacia Unter den Linder y llegamos a la plaza
Gendarmenmark, donde están la
Catedral Francesa y Alemana separadas por el
Auditorio de Música. Parecen similares pero no lo son. Nos sentamos en un banco en la plaza y anochecía, comenzaba a refrescar, y la planta de los pies ya estaba acolchada. Haciendo un sobreesfuerzo llegamos por fin al
Reichtag (Parlamento), donde se encuentra la cúpula diseñada por Norman Foster. La entrada ¡es gratis!, pero tuvimos que hacer cola para entrar porque todo el mundo quiere

verla de noche por la iluminación y las vistas. Es muy moderna y me encantó. Ya, derrotadas, volvimos en taxi hacia el hostel (8’5 €). Paramos en un restaurante italiano cerca del hostel y compartimos unas pizzas para las 4. La cena nos costó unos 24 €. ¡Y a la cama!