domingo, 5 de octubre de 2008

CHINA, MAYO 2007

Este año he tenido numerosas ocasiones de rememorar un gran viaje que realicé el año pasado. Espero realizar muchos más grandes viajes en mi vida, pero sin duda no olvidaré la experiencia de haber visitado un país como China.

Este año, además, con motivo de las pasadas olimpiadas, hemos contemplado trocitos de ese país. Yo tuve la suerte de estar allí, por eso cuando vi partes de la muralla chi
na en las competiciones de ciclismo, realmente me emocioné.

Es un país sumamente extenso. Yo, por desgracia, por falta de tiempo, no pude más que visitar tres ciudades: Beijing (o Pekin), Xian y Shanghai.

Beijing es una ciudad enorme. Allí viven aglomerados millones de personas. Recuerdo que a la llegada me defraudó. No esperaba una ciudad tan sumamente extensa, tantísimos rascacielos y bloques de hormigón inmensos y además la polución era horrible, pero poco a poco te adaptas, y total sólo íbamos a estar allí tres días, pero era frecuente observar ciclistas que llevaban las caras tapadas con mascarillas.


El tráfico era impresionante. Cruzar la carretera era toda una odisea porque los semáforos estaban de adorno. Era una gran aventura, y nuestro guía no dudaba en alzar la mano para que pudiéramos correr hasta el otro lado de la calle.

Sin embargo, poco a poco esa sensación abrumadora de pérdida entre tanto cemento se va evaporando cuando descubres parques igualmente extensos donde la gente mayor pasa el tiempo con juegos de mesas que nunca yo había visto, o cantando micrófono en mano sin ningún tipo de complejo (les encanta y lo hacen todos aunque canten fatal).


El palacio imperial de verano que abarca 290 hectáreas, que incluyen un gran lago, era abrumador. Desde nuestro paseo en barco por este lago (lago Kunming) pudimos ver la colina de la longevidad (los chinos estaban obsesionados con esto de vivir muchos años porque por todos lados dibujaban o esculpían garzas y tortugas), un barco de mármol, la gran galería…

También visitamos el Templo del cielo, las Tumbas Ming, la Plaza Tiananmen, como no, y por supuesto, la Ciudad prohibida que es realmente impresionante, pero lo que realmente me conmovió hasta saltarme las lágrimas fue pisar un trocito de la larguísima murall
a china (allí me dije “¡Dios mío, dónde estoy!).

Por supuesto, también hicimos grandes compras en Beinjing. Estos chinos son unos grandes falsificadores de bolsos y yo me traje como diez, y no sé cuántos relojes que funcionan a la perfección,
camisetas y zapatillas deportivas que son la envidia de mis amigas, je, je.

También estuvimos en Xian, donde me di un masaje de una
hora por 12 euros que fue toda una delicia. Pero en Xian la atracción principal, por supuesto, eran las excavaciones donde fueron hallados los guerreros de Xian (también muy de moda ahora que han estrenado en cine La Momia 3, aunque ya pudimos ver en nuestro país una muestra de ellos cuando trajeron algunas figuras a Madrid). También visitamos las murallas de la ciudad y la Pagoda del pequeño ganso.

Por último, Shanghai fue la vuelta a grandísimos rascacielos. Es una ciudad moderna en la que se pueden observar aún los símbolos del poder comercial de
Occidente en los edificios que contemplan las orillas del río Huangpu. El jardínYu y el Templo del Buda de jade son el punto tradicional que se mezcla increíblemente con toda esa modernidad.

Fue maravilloso dar un paseo nocturno por el río, y también sumergirse en las callejuelas perpendiculares ala gran Avenida Nanjing Lu.

Notas:
Si eres muy escrupuloso con la comida, pasarás hambre. La comida no se parece a la que se sirve aquí en los restaurantes chinos. Yo no comí mal. No es cierto que coman perro, por lo menos en las tres ciudades en las que estuvimos.

Los chinos son unos grandes amantes del karaoke. Nos reímos muchísimo en un bar donde Paco, mi marido, se puso a cantar “Hotel California” y de repente se le acopló un desconocido al lado cantando con él.
Duermen en cualquier sitio. En Shanghai incluso vimos a uno durmiendo encima de una moto estacionada. Creo que debía ser como mínimo, contorsionista.
La prostitución y el juego están prohibidos en China (al fin y al cabo, es un país comunista), excepción hecha a Macao y Hong Kong. Sin embargo, pudimos comprobar cómo en los mismos hoteles donde nos alojamos había una planta dedicada a “KTV”, y nos dijeron que era una zona para cantar karaoke, pero cuando fuimos comprobamos que eran auténticos prostíbulos camuflados. Creo que en esto el régimen comunista hace un poco la vista gorda. Nos reímos muchísimo cuando descubrimos qué era esa misteriosa zona del hotel.

3 comentarios:

Francisco dijo...

Doy fe por lo de "KTV", entré en la sala con otro compañero de viaje y al momento entraron 3 chinas y no eran precisamente el "micrófono" lo que buscaban.

JULY FOGGS dijo...

Esa es mi maribel

El Lado Oscuro dijo...

El lado oscuro del reverso tenebroso aconseja entrar en el "misterioso KTV" con el sable laser en posicion "ON"